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María Laura Vera, MSC Relaciones Internacionales y Desarrollo; Elsa Isabel Guerrero M.A. Etnografía y Antropología Social


 

Las mujeres, al igual que otros grupos sociales subordinados y excluidos, han sido invisibilizadas a través de la historia. Ellas han obtenido el reconocimiento de sus derechos como seres humanos, como ciudadanas y como trabajadoras por medio de la organización y la lucha.

Las mujeres trabajadoras nicaragüenses y sus organizaciones sindicales, durante los últimos 40 años han abierto camino. El desarrollo y difusión de conceptos como el de género, desarrollo humano, seguridad humana, trabajo digno, han sido fundamentales en este recorrido. El debate alrededor de los mismos fue reforzado por el impulso dado a través de las Conferencias internacionales de mujeres  promovidas por Naciones Unidas a partir de 1975 y a partir del año 2000 con los objetivos de Desarrollo del Milenio. Estas iniciativas reforzaron el debate y el desarrollo de campañas impulsadas desde las organizaciones de mujeres exigiendo al gobierno políticas y planes de inclusión equitativa.

La Mujer en el espacio laboral

Nicaragua es un país agrícola y la mano de obra femenina se concentra en el área rural, en la producción del café, tabaco, banano, azúcar, entre otros. En muchos de estos trabajos las mujeres deben migrar temporalmente con sus hijos, lo que impide que estos mantengan una escolaridad regular. La mayoría de las mujeres trabajadoras rurales sindicalizadas están afiliadas a la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC).

En el área urbana, la mayoría de las mujeres, como continuación de su rol tradicional se ubican como empleadas domésticas, en la maquila, y en actividades informales, y se encuentran afiliadas en su mayoría a la Central Sandinista de Trabajadores (CST).

El sindicato, como espacio organizativo, históricamente ha sido un espacio de defensa del trabajo formal que era casi exclusivo de los varones. El ingreso de las mujeres a los espacios sindicales presenta todavía una gran brecha entre la cantidad de mujeres sindicalizadas y su representatividad en los puestos de dirección de los sindicatos.

Las mujeres trabajadoras han introducido, en las organizaciones sindicales exigencias que van más allá de la lucha salarial. Ellas reclaman la incorporación de temas que se relacionan con la calidad de vida dentro y fuera del espacio laboral, por ejemplo el derecho a amamantar, los permisos para la atención de la salud de los hijos sin que afecte el salario, incluso para el seguimiento escolar de los hijos.

La incorporación de las mujeres al mercado laboral nicaragüense ha sido creciente en los últimos 40 años. La expansión de la tasa de escolaridad ha facilitado su acceso a mejores ocupaciones, mientras que los cambios culturales han contribuido a elevar la conciencia de sus derechos como ciudadanas y sobre los nuevos roles que pueden asumir.  

Como punto de partida para esta reflexión tomamos el triunfo de la Revolución Sandinista en julio de 1979, que pretendía sacar a la población del país de la miseria económica, la exclusión política, terminar con una dictadura e iniciar un período de mayor bienestar para el conjunto de la población.

Las trabajadoras, rurales y urbanas, pudieron aprovechar espacios que el proceso revolucionario abrió en cuanto a educación, salud y participación en espacios organizativos donde podían explicitar de manera concreta sus demandas y también sus intereses propios.

Para el 1977 (Rodríguez, Ileana. p.25), las encuestas mostraban que las mujeres activas en el sector terciario representaban el 58.6%, y en el primario solo el 23.3 %. Por sector terciario se entiende servicios domésticos, bares, hoteles, restaurantes, vendedores ambulantes, en tareas que no requieren calificación, de ingreso bajo, inestable, sin seguridad social y con jornadas de trabajo de hasta 14 horas o más (Pérez Rojas, 1986.pag. 17).

Participación femenina en la PEA urbana (1950/83) (%)
Rama 1950 1963 1971 1977 1983
Industria manufacturera 27 29 29 36 37
Comercio por mayor y menor 36 49 50 58 63
Servicios comunales, sociales, y personales 51 62 47 53 51
Total PEA 27 34 35 40 42

(Mind. 1986 – Datos hasta diciembre de 1985) (Rodríguez, Ileana. 1990)

Porcentaje de mujeres del total de trabajadores empleados en la producción en el sector de A.P.P.
Rama Total de obreros % de mujeres
Metal Mecánica 1,225 17
Alimento – Bebida 1,327 50
Textil – Vestuario 4,064 67
Plástico – Papel 1,002 56
Materiales de construcción 853 13
Químico – Fármaco 601 76
Madera 479 26

(Mind. 1986 – Datos hasta diciembre de 1985) (Rodríguez, Ileana. 1990)

Para mediados de los 80, como se evidencia en los cuadros anteriores, se da un incremento de la mano de obra femenina en el sector formal por la necesidad de cubrir la fuerza laboral masculina movilizada en la guerra. La consigna oficial en esos tiempos decía: “Sin la participación de la mujer no hay revolución”. La historia había mostrado, sin embargo, que con el fin de la guerra existía el riesgo de que las mujeres fueran expulsadas de sus trabajos. Las acciones dirigidas a promover el acceso y la permanencia de la mujer requerían de múltiples acciones y de una voluntad y comprensión política para la que la dirigencia no estaba preparada.

Un agitado debate se hace público entre los años 1983 -88, al respecto las obreras agrícolas reportan como problemas a la participación política sindical:

“Discriminación de algunos compañeros en las convocatorias a asambleas, reuniones y a cursos de capacitación,

Falta de solidaridad de nuestros compañeros en el cuido de los niños y tareas domésticas,

Resistencia en algunos sindicatos para promover nuestra integración en la directiva sindical, Dificultad para interpretar la línea de trabajo con la mujer y subestimación de nuestra capacidad de aporte político organizativo” (Rodríguez Ileana, 1990, p.45)

La organización de las mujeres fue la respuesta. Las Asociaciones de mujeres y las secciones femeninas de la ATC y la CST, indican que las promesas de Desarrollo no podrán cumplirse sin tomar en cuenta la visibilización de la mujer en las políticas. A partir del Año Internacional de la Mujer en 1975, y luego con la Década de la Mujer (1976‐1985), las conferencias mundiales y las cumbres de la década de 1990, las mujeres participaron activamente para influir en resoluciones claves, ganar compromisos esenciales y establecer mecanismos estratégicos que sentaron una agenda de política global de largo alcance.

La brecha de participación laboral, en el mercado formal, entre hombres y mujeres en Nicaragua se ha reducido entre 2009 y 2012 en un 28%. Sin embargo, las cifras dicen que la participación de la mujer en Nicaragua, era del 48.1% en 2009 y en el 2012 pasó a ser del 62.0 %, mientras que la participación de los varones en el 2009 era del 81.5% y en el 2012 del 86.6%.

El 79,63 %de las trabajadoras, en 2012, se concentraba en servicios y ventas, esto es en el mercado informal, o sea trabajo por cuenta propia que las excluye de beneficios sociales, en especial del seguro de salud y de la jubilación.

Es significativo el avance en cuanto a número de afiliadas mujeres en la ATC (cuadro abajo). En cuanto a la afiliación de mujeres en la Maquila, hay un leve descenso debido al cierre de algunas fábricas. Es importante mencionar que la maquila ha dejado de ser básicamente textil y esto ha conllevado a una mayor contratación de varones.

Cuadro sobre evolución de la afiliación anual

ATC-MAQUILA

Datos entregados por ATC y la Red de Maquila Nicaragua (Vera, Laura)

El Foro Económico Mundial, en su informe anual sobre la brecha de género, coloca a  Nicaragua en la posición número cinco en el mundo (entre ciento treinta y cinco países), en cuanto a la igualdad de género, en la dimensión de empoderamiento político, una ponderación combinada del porcentaje de mujeres en la Asamblea Nacional y cargos ministeriales.

En cuanto a los salarios según informe de la CEPAL del 2015, persiste una brecha salarial de un 10% y en algunos casos hasta del 22%. La brecha disminuye por la cantidad de años de estudios y aumenta en el grupo de mujeres entre 15 y 24 años de edad.

La Negociación Colectiva y las mujeres trabajadoras

La Negociación colectiva es una instancia de diálogo social que busca crear para los y las trabajadoras condiciones de estabilidad y armonía laboral. El Manual de Cláusulas de Género en los Convenios Colectivos, elaborado por el Comité de Mujeres Sindicalistas de Nicaragua (CMSN), es el resultado del esfuerzo permanente y organizado de las mujeres sindicalistas. Estas Cláusulas, buscan que se establezcan las oportunidades y beneficios que garanticen un mejor desarrollo humano de las trabajadoras y de sus familias, en base a la igualdad y equidad entre mujeres y hombres en el ámbito de la relación laboral, al mismo tiempo que fortalecen la representatividad de las organizaciones sindicales.

Estudios realizados (Rocha Aguirre, 2015, p. 8) afirman que existen restricciones y discriminación relacionada con el embarazo y la maternidad. Son conocidas, y  denunciadas, situaciones de acoso sexual y violencia laboral, que son dos temas ausentes de los Convenios Colectivos actualmente en vigencia.

En el 2011 se logró la firma de 54 convenios, con cláusulas específicas de género, que beneficiaron a 20.000 mujeres.

Entre las cláusulas negociadas se encuentran:

  • Garantías relativas a la maternidad y la salud de la mujer embarazada.
  • Condiciones de trabajo de la mujer.
  • Salud. Las principales cláusulas obtenidas, sobre todo en empresas de maquila, se refieren a la prevención del cáncer cérvico uterino y de mamas.
  • Formación profesional.

 El PNUD en 1994, en su informe sobre Desarrollo Humano, acuñó el concepto “seguridad humana”. El Informe destacó cuatro características básicas de la seguridad humana: universalidad, interdependencia de sus componentes, centrada en las personas y mejor garantizada mediante la prevención temprana y siete ámbitos relacionados: seguridad económica, alimentaria, de la salud, del medio ambiente, personal, comunitaria y política.

Tanto las características básicas de la Seguridad humana cómo los ámbitos relacionados, encajan perfectamente con lo que las mujeres trabajadoras buscan para ellas y sus familias: empleo digno que les brinde seguridad económica, alimentaria, de salud, medio ambiente, personal, comunitaria y política para el pleno desarrollo de sus potencialidades y el de sus hijos e hijas.

Los logros alcanzados por las mujeres organizadas en Nicaragua se reflejan en el marco legal, la creciente participación de la mujer en espacios formales de empleo, de elección popular, de educación superior. Sin embargo, a pesar de todos estos avances las mujeres siguen concentradas en el sector informal, donde no existen garantías laborales ni de seguridad. Las mujeres siguen ganando menos que los hombres por la misma tarea, y superan en número a los hombres entre la población analfabeta.

En los sindicatos las mujeres siguen peleando su derecho a participar en los órganos de dirección sindical y no participan de manera equitativa en la negociación de los convenios colectivos. Sus derechos, aún los consignados en la ley no se hacen efectivos .El tema de la violencia laboral y el acoso laboral, no son temas novedosos para las trabajadoras, sin embargo, se carece del conocimiento necesario para instalar mecanismos de protección en los convenios colectivos o acuerdos bilaterales.

Las negociaciones colectivas representan el espacio para establecer condiciones justas y equitativas en el ámbito laboral, pero a pesar de los esfuerzos realizadas por las mujeres de los distintos sindicatos los resultados han sido magros. Urge revisar la mayor y mejor participación de dirigentes sensibles a género para establecer marcos laborales acordes con los nuevos estándares de desarrollo y seguridad humana, respetuosos de los derechos humanos y propiciadores de un desarrollo armonioso de las potencialidades de todos y de todas.

Indudablemente mucho se ha avanzado, pero queda todavía mucho por hacer.

 

Bibliografía

Gray Molina, George (PNUD). Progreso multidimensional: bienestar más allá del ingreso. Informe regional sobre desarrollo humano para América Latina y el Caribe. USA, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2016.

Pérez Alemán, Paola. Organización identidad y cambio, las campesinas en Nicaragua. Nicaragua, Editorial Vanguardia, 1990.

Rocha Aguirre, Hordina. Manual de cláusulas de género en los convenios colectivos. Nicaragua, Comité Nacional de Mujeres Sindicalistas de Nicaragua (CNMSN), 2015.

Rodríguez, Ileana. Registradas en la historia, 10 años del quehacer feminista en Nicaragua. Nicaragua, Complejo papelero nicaragüense, 1990.

www.un.org/womenwatch/daw/csw/pdf/CSW_founding_resolultion_1946.pdf

 

 

 

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